El levosimendan es un sensibilizador del calcio y un abridor de canales de potasio dependiente del trifosfato de adenosina (K+ATP ) que mejora la contractilidad miocárdica sin aumentar significativamente los niveles intracelulares de calcio y la demanda de oxígeno.
viernes, 7 de marzo de 2025
Levosimendan, una prometedora farmacoterapia.
Tirzepatida para el tratamiento de la obesidad en pacientes con pre-diabetes (New England Journal of Medicine).
Reducción de peso y menor riesgo de progresión a DM2 comparado con placebo.
Métodos

Resultados
Conclusiones
(Cochrane) ¿Los antidepresivos son eficaces y seguros para tratar la ansiedad?.
La ansiedad y preocupación excesivas y continuas por cuestiones cotidianas se denomina trastorno de ansiedad generalizada. Este trastorno, que es frecuente y afecta a las mujeres el doble que a los hombres, se puede tratar con psicoterapia y medicamentos, entre ellos los antidepresivos. La cuestión es ¿hasta qué punto los antidepresivos son eficaces y seguros para tratar la ansiedad?
Una revisión Cochrane aborda esta pregunta y te damos la respuesta breve (1), la respuesta en otros formatos (2) y la respuesta paso a paso (3):
(1) Respuesta breve
Los antidepresivos son considerablemente más eficaces que una pastilla falsa (placebo) para tratar la ansiedad y, además, tienen una aceptabilidad similar a la del placebo.
Además:
- La evidencia científica es sólida y respalda el uso de los antidepresivos para tratar el trastorno de ansiedad generalizada, pero solo para las personas que no tienen además otras enfermedades.
(BMJ) Previsiones de prevalencia de la enfermedad de Parkinson y sus factores determinantes en 195 países y territorios hasta 2050.
Objetivo Predecir la prevalencia mundial, regional y nacional de la enfermedad de Parkinson por edad, sexo, año e índice sociodemográfico hasta 2050 y cuantificar los factores que impulsan los cambios en los casos de enfermedad de Parkinson.
Diseño Estudio de modelización.
Fuente de datos Estudio de la Carga Mundial de Morbilidad 2021.
Principales medidas de resultados Número prevalente, prevalencia de la enfermedad de Parkinson en todas las edades y prevalencia estandarizada por edad en 2050, y cambio porcentual anual promedio de la prevalencia de 2021 a 2050; la contribución del envejecimiento de la población, el crecimiento de la población y los cambios en la prevalencia al crecimiento de los casos de enfermedad de Parkinson; fracciones atribuibles a la población por factores modificables.
Resultados Se proyectó que 25,2 millones de personas (intervalo de incertidumbre del 95%: 21,7 a 30,1) vivirían con la enfermedad de Parkinson en todo el mundo en 2050, lo que representa un aumento del 112% (intervalo de incertidumbre del 95%: 71% a 152%) con respecto a 2021. Se predijo que el envejecimiento de la población (89%) sería el principal contribuyente al crecimiento de los casos entre 2021 y 2050, seguido del crecimiento de la población (20%) y los cambios en la prevalencia (3%). Se pronosticó que la prevalencia de la enfermedad de Parkinson sería de 267 (230 a 320) casos por 100 000 en 2050, lo que indica un aumento significativo del 76 % (56 % a 125 %) con respecto a 2021, mientras que se predijo que la prevalencia estandarizada por edad sería de 216 (168 a 281) por 100 000, con un aumento del 55 % (50 % a 60 %) con respecto a 2021. Se proyectó que los países en la quinta mitad del Índice Sociodemográfico tendrían el mayor aumento porcentual en la prevalencia de la enfermedad de Parkinson en todas las edades (144%, 87% a 183%) y la prevalencia estandarizada por edad (91%, 82% a 101%) de la enfermedad de Parkinson entre 2021 y 2050. Entre las regiones con carga mundial de morbilidad, se prevé que Asia Oriental (10,9 (9,0 a 13,3) millones) tenga el mayor número de casos de enfermedad de Parkinson en 2050, y que África subsahariana occidental (292%, 266% a 362%) experimente el aumento más significativo con respecto a 2021. Se proyectó que el grupo de edad de ≥80 años tendría el mayor aumento en el número de casos de enfermedad de Parkinson (196%, 143% a 235%) de 2021 a 2050. Se prevé que la proporción de hombres y mujeres en la prevalencia estandarizada por edad de la enfermedad de Parkinson aumente de 1,46 en 2021 a 1,64 en 2050 en todo el mundo.
Conclusiones Para el año 2050, la enfermedad de Parkinson se habrá convertido en un mayor desafío de salud pública para los pacientes, sus familias, los cuidadores, las comunidades y la sociedad. Se espera que la tendencia al alza sea más pronunciada entre los países con un índice sociodemográfico medio, en la región de Asia oriental sobre la carga mundial de morbilidad y entre los hombres. Esta proyección podría servir como ayuda para promover la investigación en salud, informar las decisiones de política y asignar recursos.
jueves, 6 de marzo de 2025
SEMI. Médicos internistas piden que la obesidad sea reconocida como una dolencia crónica que precisa sus rutas asistenciales y atención integral personalizada.
Los médicos internistas piden que la obesidad sea reconocida, de una vez por todas, como una enfermedad crónica, compleja y recidivante, basada en un exceso de adiposidad, que desencadena diversas enfermedades graves. Las personas que conviven con ella merecen ser diagnosticadas y tratadas de forma integral y multidisciplinar, con todos los recursos humanos y materiales necesarios en función del estadio de su enfermedad. Es necesaria la implementación de rutas asistenciales propias, que les garanticen una atención justa y equitativa. La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) incide en este mensaje, que ha reclamado en sucesivas ocasiones, con motivo del Día Mundial de la Obesidad, que se celebra este 4 de marzo.
“Ha llegado la hora de reaccionar ante la obesidad, que debe ser reconocida como lo que es: una enfermedad crónica, compleja y recidivante. Como sociedad y sistema sanitario, hemos de dejar de mirar hacia otro lado y ofrecer a las personas el acompañamiento y la atención integral, multidisciplinar, de calidad y personalizada que merecen”, destaca el Dr. Alfredo Michán, coordinador del Grupo de Trabajo sobre Obesidad, Diabetes y Nutrición (DON) de la SEMI.
La obesidad se debe definir, como indica la nueva definición de The Lancet, como el exceso de adiposidad, con o sin alteraciones en la función y distribución del tejido adiposo, por causas multifactoriales no siempre conocidas. Para diagnosticarla ya no basta el índice de masa corporal (IMC), que lleva a subestimar o sobreestimar los diagnósticos.
Son necesarios otros criterios, más sensibles y específicos para lo que buscamos, valorar el exceso de adiposidad: la medición directa de la grasa corporal, cuando sea posible; al menos un criterio antropométrico (como medir la circunferencia de la cintura o la relación cintura-cadera), usando puntos de corte validados por edad, género o etnia; y asumir directamente el exceso de adiposidad, sin confirmación adicional, en los casos de un IMC >40 kg/m². Además, para diagnosticar la obesidad clínica, debe haber una reducción de la función de los órganos o tejidos, (como la apnea del sueño, la enfermedad renal, la artrosis o la insuficiencia cardiaca), y/o limitaciones significativas en las actividades básicas de la vida diaria, como tener dificultades de movilidad, en el aseo, vestimenta o la alimentación.
Un problema “de peso” en España
La prevalencia de la obesidad en España crece de forma ininterrumpida desde 1980 y se estima que afecta al 23,8% de la población adulta, según un informe de la Región Europea de la OMS. Esto significa que 1 de cada 4 personas adultas en España viven con obesidad. Asimismo, más del 60% de la población tiene sobrepeso, según el estudio OBEMI.
El 40% de las personas con obesidad no son diagnosticadas y menos del 20% están recibiendo medicación con evidencia científica, según datos de la SEMI, lo que pone en evidencia el estigma sanitario hacia las personas con obesidad, tanto a la hora del diagnóstico como en el tratamiento recibido.
La obesidad se asocia a otros problemas de salud importantes como la diabetes, la hipertensión, la hipercolesterolemia, así como enfermedades finales asociadas tan graves como la enfermedad cardiovascular, la enfermedad metabólica hepática, la insuficiencia cardiaca, la fibrilación auricular y la apnea del sueño, la nefropatía por obesidad y la artrosis.
Este abordaje desde las complicaciones finales asociadas a la obesidad es el que defiende el grupo DON de la SEMI, recientemente resumido en su infografía de la obesidad y sus comorbilidades.
Además, en estos momentos, el grupo DON está promoviendo una segunda parte del registro ROFEMI para agrupar en fenotipos clínicos a las personas con obesidad que atienden más frecuentemente los internistas. El papel del internista, como especialista integral, debe ser no solo diagnosticar la obesidad en las personas que atendemos en consultas, sino estadificarlas en función de todas las comorbilidades o complicaciones que asocian y definir y consensuar un objetivo de peso que le ofrezca la máxima salud siempre en forma de perdida de adiposidad.
La obesidad no es una enfermedad moral
La SEMI también quiere llamar la atención sobre el estigma, prejuicios y error conceptual que sigue “pesando” sobre la obesidad, ya que “la obesidad no es un vicio ni una enfermedad moral y, por supuesto, no es una elección de los pacientes”, señala la Guía Giro (Guía española del manejo Integral y multidisciplinaR de la Obesidad en personas adultas). Aun así, la narrativa dominante la relaciona con una falta de voluntad del paciente, la culpa y la baja autoestima. El estigma sanitario, tendente a utilizar un lenguaje y una conducta culpabilizadores sobre el peso, conduce a que las personas no consulten su problema de peso, eviten tratarse y participar en el sistema sanitario.
Por lo tanto los internistas abogamos por disponer de buenas armas para luchar contra la obesidad: armas para un correcto diagnóstico y estadificación; armas para un tratamiento óptimo, equitativo y personalizado, que no culpabilice a la persona con obesidad y que le permita obtener un peso saludable.
Desde el grupo se ha lanzado con motivo de este 4 de marzo una serie de vídeos cortos para sensibilizar sobre la obesidad. Se pueden consultar en esta lista de reproducción:
https://youtube.com/playlist?list=PL53EY3cIAJrRVsyT8E91RwueNkSDs6xfu&feature=shared
viernes, 28 de febrero de 2025
(Preevid) ¿Cuál es el analgésico opioide de elección en pacientes con síndrome coronario agudo?.
https://www.murciasalud.es/preevid/26247
Tras la revisión realizada observamos que, en el momento actual, la morfina sigue siendo el opioide de elección para la analgesia de un paciente con un síndrome coronario agudo (SCA), teniendo en cuenta que su utilización debería limitarse a los casos en los que el dolor es intenso y no mejora tras la utilización de nitratos.
En cuanto a posibles alternativas, se podría considerar la utilización de fentanilo. Aunque fuera de nuestro ámbito, meperidina no se incluye entre las opciones de analgesia opioide en estos pacientes, en nuestro contexto algunos protocolos sí que contemplan su uso.
Se han consultados varios protocolos de actuación(1-7) realizados en nuestro entorno (seleccionados los publicados a partir de 2020) y en todos se menciona al cloruro mórfico como analgésico opioide de elección en un paciente con un SCA que presenta dolor importante que no mejora tras la administración de nitratos. En uno de Navarra(7) se proponen como alternativas fentanilo o meperidina y en otros dos(4,6) se sugiere usar meperidina en SCACEST (SCA con elevación del ST), concretamente en SCACEST de localización inferior en el de Castilla-La Mancha(6).
En la actualización de 2023 de la guía de práctica clínica (GPC) de la European Society of Cardiology (ESC) sobre el manejo del SCA (8) (ver aquí la traducción al español elaborada por la Sociedad Española de Cardiología), entre las medidas farmacológicas agudas, se indica que se deberían considerar los opioides intravenosos (IV) (por ejemplo, morfina 5 a 10 mg) para aliviar el dolor torácico intenso. Respecto a la controversia sobre su efecto en la inhibición plaquetaria inducida por antagonistas del receptor plaquetario P2Y12, afirma que la morfina podría reducir la absorción, retrasar la acción y disminuir el efecto antiagregante de estos inhibidores orales en pacientes con infarto agudo de miocardio (IAM), aunque este efecto puede variar entre los distintos inhibidores del P2Y12. Añade que, en la actualidad se están desarrollando nuevas investigaciones en este campo, pero que, por el momento, la evidencia clínica disponible no ha demostrado ningún aumento del riesgo de eventos clínicos adversos que resulten de la interacción entre la morfina y fármacos antiagregantes en el contexto del SCA.
Entre las recomendaciones para el manejo inicial del paciente con SCA incluye que los opioides IV (sin especificar cuál) deberían ser considerados para aliviar el dolor (clase de recomendación; nivel de evidencia C)*.
En otra GPC de la ESC de 2020(9), en este caso sobre el manejo prehospitalario del dolor torácico de origen cardiaco, se comentaba que la potencial interacción desfavorable entre el uso de opioides y el efecto clínico del ticagrelor y los efectos biológicos tanto del prasugrel como del ticagrelor en el contexto de un IAM con elevación del segmento ST, ponía en duda la seguridad del uso sistemático de opioides. Sin embargo, teniendo en cuenta la importancia del control del dolor en estos pacientes, recomendaba el uso de opioides en dosis ajustadas según la evaluación del dolor, matizando que se debería tener cuidado de limitar las dosis tanto como fuese posible a la luz de su posible interacción con la terapia antiplaquetaria oral.
Por otra parte, en una GPC recientemente actualizada del Australian Resuscitation Council se aborda la medicación inicial del paciente con SCA(10) y en el apartado de tratamiento sintomática describe que los opioides, como la morfina o el fentanilo, se utilizan tradicionalmente como analgésicos de primera línea para pacientes con síntomas persistentes de malestar torácico pero que su uso se ha asociado con una absorción más lenta y un inicio tardío de la acción antiplaquetaria. Se considera en la guía que se requiere más investigación sobre esta posibilidad de daño y que, aunque las recomendaciones actuales no prohíben el uso de opioides, sólo deberían usarse para el dolor torácico continuo significativo que no responde a los nitratos. Como recomendación concresta se plantea (declaración de buenas prácticas)* que los opioides como la morfina o el fentanilo se pueden utilizar como analgésicos de primera línea para el malestar torácico persistente que no responde a los nitratos.
Los sumarios de evidencia de BMJ Best Practice sobre angina inestable(11) e IAM sin elevación del ST(12), coinciden en sugerir el uso del cloruro mórfico en aquellos paciente con dolor en los que los nitratos no son eficaces. En cambio, en su sumario de evidencia sobre el IAM con elevación del ST(13) se considera el uso de opioides IV titulados (por ejemplo, morfina o diamorfina) para la analgesia de todos los pacientes. Añade en este punto que el alivio del dolor es importante no solo para la comodidad del paciente, sino también porque puede reducir el daño miocárdico y microvascular debido a la reducción de la frecuencia cardíaca, la carga de trabajo cardíaca y el consumo de oxígeno.
En cuanto a los sumarios de evidencia de UpToDate, en el que trata sobre el manejo inicial del paciente con sospecha de SCA(14) se comenta, respecto al uso de el sulfato de morfina IV, que puede administrarse para aliviar el dolor torácico intenso y persistente que no se alivia por otros medios, pero que no debería utilizarse de manera sistemática. Explica que la morfina puede reducir la estimulación simpática causada por el dolor y la ansiedad, lo que disminuye la carga de trabajo cardíaco y los riesgos asociados con el exceso de catecolaminas, pero que, sin embargo, puede empeorar los resultados en pacientes con IAM. En otro sumario centrado en el IAM con elevación del ST(15) la morfina se cataloga como una intervención de beneficio incierto. Los autores sugieren no administrar morfina de manera rutinaria a todos los pacientes con IAM con elevación del ST (grado de recomendación 2C: recomendación muy débil; otras alternativas pueden ser igualmente razonables) y solo utilizarla para tratar los síntomas torácicos refractarios a los nitratos y otras terapias médicas. Basan esta decisión en que los datos observacionales disponibles sugieren que el uso rutinario de morfina no reduce la mortalidad, y en la existencia de limitados datos procedentes de ensayos clínicos que muestran la morfina puede disminuir el efecto de los inhibidores de P2Y12. En el sumario de evidencia sobre el IAM sin elevación del ST(16) también se indica que, en el contexto de un IAM, la morfina IV debería evitarse si es posible y reservarse para pacientes con un nivel inaceptable de dolor, ya que hay estudios que sugieren que su uso está asociado con resultados efecto adversos.
Y el sumario de evidencia de Dynamed sobre la sospecha de SCA(17) se plantea considerar sulfato de morfina IV si el paciente tiene malestar torácico isquémico a pesar del tratamiento con medicamentos anti-isquémicos a la dosis máxima tolerada (recomendación condicional basada en GRADE).
La búsqueda en las bases de datos de estudios Embase, PubMed y CENTRAL, de ensayos clínicos aleatorios (ECA) que permitan establecer la efectividad y/o seguridad comparativa de morfina frente a fentanilo o meperidina solo identifica dos ECA(18,19) en los que se compara morfina con fentanilo. En uno de ellos(18) el fentanilo y la morfina se mostraron comparables en cuanto a la incidencia de hipotensión y en la analgesia del dolor torácico de tipo isquémico por lo que los autores concluyen que el fentanilo parece ser una alternativa segura y eficaz a la morfina para el tratamiento del dolor torácico en el ámbito prehospitalario. En el otro(19) se comparó el efecto de la morfina y el fentanilo sobre la agregación plaquetaria entre pacientes con SCA tratados con ticagrelor y no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la agregación plaquetaria o en los eventos adversos evaluados entre los pacientes que recibieron fentanilo o morfina.
La búsqueda de ECA sobre meperidina no reporta resultados (ni ECA que la comparen con morfina ni ECA que evalúen su efectividad en pacientes con SCA).
Por último, comentar que se ha localizado una revisión narrativa de 2020(20) en las que se describen los efectos en los resultados clínicos de diversos fármacos utilizados en procesos de dolor torácico isquémico. Entre ellos se incluye la morfina, el fentanilo y la petidina (meperidina). En relación a este último fármaco se señala que aunque todavía se utiliza en algunas instituciones médicas, no se han realizado estudios clínicos a gran escala ni metanálisis en las últimas décadas sobre el uso de petidina en el dolor torácico agudo y su impacto en los resultados clínicos. Para los autores, la meperidina no es un agente de primera línea para el tratamiento del dolor torácico isquémico agudo. En cuanto a los otros opioides concluyen que la morfina sigue siendo el analgésico comúnmente recomendado en el tratamiento de emergencia del dolor torácico intenso y persistente y que, aunque la evidencia de recomendación clínica es ligeramente inferior a la de la morfina, el fentanilo también es una opción.
sábado, 22 de febrero de 2025
Circulation. La lipoproteína(a) como diana farmacológica: Premisas, promesas y perspectivas.
Circulation. - Lipoprotein(a) as a Pharmacological Target: Premises, Promises, and Prospects
La enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD) sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en el mundo. La lipoproteína(a) [Lp(a)] ha surgido como un factor de riesgo independiente, implicado en la inflamación y trombosis vascular. En términos de aterogenicidad, Lp(a) es de 5 a 6 veces más perjudicial que las LDL (lipoproteínas de baja densidad), lo que la convierte en un objetivo crucial para la prevención cardiovascular.
Lp(a) penetra la pared vascular y facilita la acumulación de fosfolípidos oxidados, promoviendo inflamación y calcificación arterial. También interfiere con la fibrinólisis mediante la inhibición competitiva del plasminógeno, favoreciendo la trombosis.
Mecanismos Patogénicos de Lp(a) en la Enfermedad Cardiovascular
Lp(a) promueve la aterosclerosis y la trombosis a través de múltiples mecanismos:
- Inflamación: Sus fosfolípidos oxidados desencadenan respuestas inflamatorias que aceleran la formación de placas.
- Trombosis: Su interacción con el receptor PAR-1 de las plaquetas favorece la activación y agregación plaquetaria.
- Calcificación Aórtica: Induce la diferenciación osteoclástica, contribuyendo a la estenosis aórtica.
- Fibrinólisis Reducida: Al competir con el plasminógeno, impide la disolución de coágulos.
Medición y Reporte de Lp(a): Desafíos y Avances
La medición de Lp(a) es compleja debido a la heterogeneidad de sus isoformas. Existen discrepancias entre los valores expresados en mg/dL y nmol/L, dificultando la estandarización. A pesar de su importancia, la medición de Lp(a) aún no está generalizada en la práctica clínica.
Estrategias Terapéuticas para la Reducción de Lp(a)
A la fecha, no existen tratamientos aprobados específicamente para la reducción de Lp(a), pero varias estrategias farmacológicas están en desarrollo:
1. Anticuerpos Monoclonales (Alirocumab y Evolocumab)
Inicialmente diseñados para reducir LDL, estos fármacos también disminuyen los niveles de Lp(a) en aproximadamente un 25-30%. Sin embargo, su mecanismo exacto aún no está completamente elucidado.
2. Interferencia de ARN (siRNA)
Fármacos como olpasiran, zerlasiran y lepodisiran bloquean la síntesis de Lp(a) en el hígado, logrando reducciones de hasta el 97%. Su administración subcutánea de manera trimestral los convierte en una opción prometedora.
3. Oligonucleótidos Antisentido (Pelacarsen)
Este fármaco se une al ARN mensajero de la apoA, reduciendo significativamente los niveles de Lp(a) en un 80%. Su impacto en eventos cardiovasculares está siendo evaluado en ensayos clínicos de fase 3.
4. Pequeñas Moléculas (Muvalaplin)
Muvalaplin bloquea la unión de apoA con apoB100, inhibiendo la formación de Lp(a). Su administración oral representa una ventaja en términos de adherencia al tratamiento.
5. Edición Genética (CRISPR/Cas9)
En estudios preclínicos, la edición del gen LPA ha demostrado reducir la producción de Lp(a) en un 90%. Se espera que en el futuro esta tecnología pueda ofrecer una solución curativa.
Ensayos Clínicos en Fase 3
Los estudios actuales buscan determinar si la reducción de Lp(a) se traduce en menores tasas de eventos cardiovasculares:
- Lp(a) HORIZON Trial (pelacarsen) – Resultados esperados en 2025.
- OCEAN(a)-Outcomes Trial (olpasiran) – Finaliza en 2026.
- ACCLAIM-Lp(a) Trial (lepodisiran) – En curso hasta 2029.
Conclusión y Perspectivas Futuras
Lp(a) representa un objetivo emergente en la prevención cardiovascular. Con múltiples estrategias en desarrollo, los próximos años podrían traer tratamientos específicos que permitan reducir el riesgo cardiovascular en pacientes con niveles elevados de Lp(a). La implementación de pruebas de detección en la población general y la aprobación de terapias innovadoras podrían cambiar significativamente la práctica clínica en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

