viernes, 23 de enero de 2026

JAMA. Perspectivas de las terapias GLP-1 para las comorbilidades de adicción y salud mental—¿Quo Vadis?.

 ¿Podría un fármaco para la diabetes y la obesidad cambiar el tratamiento de las adicciones?

Las terapias basadas en GLP-1, como semaglutida o liraglutida, están revolucionando la endocrinología. ¿y si también pudieran ayudarnos a tratar las adicciones? 👇👇 ¿Qué es el GLP-1? El GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1) es una hormona que se libera en el intestino cuando comemos. Su función principal es estimular la secreción de insulina, reducir el apetito y ralentizar el vaciamiento gástrico. Los agonistas del receptor GLP-1 (GLP-1RAs), como semaglutida o tirzepatida, son análogos sintéticos que imitan esta acción, pero con efecto prolongado. Aunque nacieron como tratamiento para la diabetes tipo 2, su potente efecto en el control del peso los ha convertido en una revolución médica. Del control del apetito al control del impulso El hallazgo clave: los circuitos cerebrales que regulan el hambre y el placer se superponen con los que participan en las conductas adictivas. Regiones como el núcleo accumbens, el área tegmental ventral o la amígdala donde el GLP-1 tiene receptores también modulan la respuesta a las drogas y el alcohol. 👉 En otras palabras, lo que reduce el deseo de comer, podría también reducir el deseo de consumir. Evidencia preclínica: animales con menos craving En modelos con roedores y primates, los agonistas GLP-1 reducen: el consumo voluntario de alcohol, nicotina y opioides, la preferencia condicionada por drogas, la liberación dopaminérgica inducida por sustancias, y los comportamientos de búsqueda tras la abstinencia. Estos hallazgos sentaron la base para llevar las investigaciones al terreno clínico. Evidencia humana: de los hallazgos accidentales a los ensayos clínicos Muchos pacientes tratados con semaglutida o tirzepatida por diabetes u obesidad reportaron un efecto inesperado: 💬 “ya no me apetece beber tanto”, 💬 “dejé de fumar sin proponérmelo”. Estos testimonios despertaron el interés de la comunidad científica. En grandes bases de datos de salud electrónica, se observó que las personas que usaban GLP-1 presentaban menor riesgo de desarrollar o recaer en trastornos por consumo de alcohol y otras sustancias que quienes usaban otros antidiabéticos. Ensayos clínicos: señales prometedoras pero aún incipientes Aunque los estudios clínicos son todavía pocos, los resultados son alentadores: 🔹 Semaglutida (9 semanas): redujo significativamente la cantidad de alcohol consumido y el craving en pacientes con trastorno por consumo de alcohol. 🔹 Exenatide (26 semanas): no disminuyó los días de consumo intenso, pero sí redujo la reactividad cerebral ante señales de alcohol y la disponibilidad dopaminérgica. 🔹 Dulaglutide y exenatide: ayudaron a dejar de fumar y redujeron el aumento de peso tras la abstinencia. Un dato interesante: los efectos benéficos parecen más intensos en personas con índice de masa corporal alto, lo que sugiere una posible interacción entre metabolismo y adicción. GLP-1 y salud mental: entre la cautela y la esperanza Hubo preocupación inicial sobre si estos fármacos podrían provocar anhedonia o depresión, dado que reducen el placer por comer. Sin embargo, los datos más recientes son tranquilizadores: ✅ No hay evidencia sólida de aumento del riesgo de depresión o suicidio. ✅ Los metaanálisis y estudios genéticos (mendelianos) muestran ausencia de causalidad entre GLP-1 y conductas suicidas. ✅ Incluso, algunos estudios sugieren que podrían mejorar el estado de ánimo o reducir síntomas depresivos en ciertas poblaciones. Un posible aliado frente a los efectos metabólicos de los psicofármacos Otro campo en expansión: el uso de agonistas GLP-1 para contrarrestar el aumento de peso asociado a antipsicóticos o estabilizadores del ánimo. Varios metaanálisis muestran que pueden revertir parte del síndrome metabólico inducido por estos tratamientos, especialmente en pacientes con esquizofrenia tratados con clozapina u olanzapina. Los autores del artículo plantean varias preguntas clave: ¿Cuál es la dosis y duración óptima para tratar adicciones? ¿Se pierde el efecto con el tiempo (taquifilaxia)? ¿Qué ocurre al suspender el tratamiento? ¿Funcionará igual en todas las sustancias? ¿Qué pasa con las desigualdades en el acceso, dado el alto costo y la cobertura limitada? Además, preocupa la posibilidad de efectos secundarios en poblaciones vulnerables, como pancreatitis en personas con alcoholismo o desnutrición en personas con bajo peso. ¿Qué opinas?


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